22.2.11

DIÁLOGO DE ALGUIEN QUE SE BUSCA

A.- A usted puede saberse, qué le pasa?
B.- ¿A mí…?
A.- Sí, con usted estoy hablando.
B.- Y… me pregunta qué me pasa?
A.- ¡Exactamente!
B.- A mí, exactamente, no me pasa nada.
¿Y a usted?
A.- Yo quiero saber por qué me mira.
Porque usted me está mirando, no me lo va a negar.
Hace rato que observo que usted me está mirando, está aquí parado mirándome.
B.- Correcto, eso es lo que estoy haciendo.
Estoy aquí parado mirando lo que usted hace.
A.- ¿Y qué es lo que ha visto que tanto le interesa?
B.- Como ver, lo que se dice ver, ver no he visto nada.
A.- ¿Nada?
B.- Nada…
A.- Le parece que estoy haciendo nada, que me desvivo, agito, ando por nada?
B.- Sinceramente sí; no he podido saber qué es lo que a usted le agita tanto.
A.- Bah… Con gente como usted uno pierde el tiempo, mejor que vuelva a lo mío.

(“A” retoma su agitado quehacer, hasta que el malestar que le ocasiona la presencia de “B”, que continúa impertérrito observándola, parado en el mismo lugar, la hace estallar descontrolada)

A.- Se puede saber hasta cuándo va a seguir allí parado, mirándome, como un idiota que no entiende nada.
B.- Señora, yo no le he faltado.
A.- ¡¿Qué no me ha faltado… cuando se atrevió a decirme que estoy haciendo nada?! ¡Nada! ¿Eso es para usted este desvivirme buscándome?
B.- ¿Cómo ha dicho?
A.- Dije idiota.
B.- No, después.
A.- Después he dicho buscándome.
B.- ¿Usted se está buscando?
A.- ¡Exactamente! Cosa que a usted parece no importarle un pito, no darle la menor trascendencia.
Por qué no se retira y me deja sola, deja de estorbarme y hacerme perder el tiempo?

(“B” permanece mudo, como paralizado, “A” lo mira, aumenta su furia y decide partir, irse)

A.- Si usted no se va, voy a ir a buscarme en otro lado.

(“A” comienza a salir, pero “B” la llama, la detiene)

B.- ¡Señora… ó señorita…, usted no tiene por qué irse! Finalmente, siento que el que tiene que retirarse soy yo.
A.- ¿Entonces se va a ir? Se va a ir usted… y abandonarme. El único testigo de mis afanes, se va. Está bien váyase, váyase si así lo prefiere.
Libérese de su responsabilidad. Ya le he dado el pretexto.
Su ego, su amor propio debe de sentirse herido. Usted es el típico ególatra, que no piensa más que en sí mismo.
¿Es que usted no se busca?...
Nunca se ha buscado?
B.- Pues…
A.- Pues qué? Diga.
B.- Pues que para buscarme, antes tendría que perderme.
A.- ¡¿Qué ha dicho?!
B.- Dije que para salir a buscarme, antes tendría que perderme.
A.- ¿Quiere decir que yo soy una perdida?
¡Me ha llamado perdida!
B.- (Exasperado grita:) ¡No!...
A.- ¿Qué le pasa? Por qué grita de ese modo, se olvida que soy una dama.
B.- (Confundido, idiota, desorientado) No, No… Pido mil disculpas, usted es una dama, una dama que se busca y yo la miraba, miraba como se estaba buscando y yo idiota, estúpido como soy no podía entender su desvelo. Usted es una dama que se busca.
¿Hace mucho que…?
A.- Mucho? Hace mucho que?...
B.- Que está en esto?
A.- En esto qué?
B.- En la búsqueda de usted.
A.- Toda la vida, desde que tomé conciencia. Desde que tuve la revelación de mi inexistencia.

(Se miran, breve, denso silencio en el que ambos sienten que están ante una certidumbre. “B” lentamente dice:)

B.- Entonces… usted… no existe?
A.- Exacto… Puntual ¿Comprende ahora mi tragedia?
B.- Trato, trato, me esfuerzo… pero…
A.- A usted, nunca le ha pasado algo semejante?

(“B” con pudor, vergüenza, complejo de inferioridad dice:)

B.- No… no me ha pasado… Disculpe que…

(“B” gira avergonzado, está de espaldas a “A” y monologa, mientras “A” desaparece de escena como una sombra o fantasma)

B.- ¡Oh! Qué ciego he estado, qué ciego y torpe… mediocre… infame… inútil… Pero yo prometo que…

(“B” gira en busca de “A” ausente, al tener la evidencia de esta ausencia, comienza a buscarla del mismo modo, con la misma fiebre con que “A” se buscaba a sí misma.
Reaparece “A” y al encontrarlo en estas faenas le interroga:)

A.- ¿Qué está usted haciendo?
B.- No se da cuenta acaso que…
A.- ¿Qué? De qué tengo yo que darme cuenta? Se puede saber?
B.- Pues sepa que…
A.- ¡Qué!
B.- Que estoy afanado, desesperado buscándola.
A.- ¿A quién?
B.- A usted.
A.- A mí… me está buscando a mí.
B.- Exactamente eso.
A.- ¿Y cómo le va?
B.- ¿Va qué?
A.- Su búsqueda… Resulta?
B.- No, no la hallo por ninguna parte.
Por más que busco, rebusco y me afano, no logro saber dónde está.
A.- No será que…
B.- Qué?
A.- Que no ha puesto usted el suficiente empeño, la debida voluntad? Tal vez no le interesa tanto, lo suficiente hallarme.
B.- Porque en lugar de criticar y juzgar no colabora conmigo. Me ayuda a encontrarla.
A.- No es mala idea. Puede resultar entretenido.
B.- Así que para usted esto es un entretenimiento. Esto en lo que yo me juego la vida, a usted la entretiene. Un juego, un simple juego.
A.- Eso, juguemos al frío y caliente. No sea quisquillosa y susceptible.
Lo voy a ayudar a que me encuentre.
B.- ¿Usted quiere realmente?
A.- Realmente qué?
B.- Que la encuentre.
A.- Basta de tonteras y empiece a buscarme. Búsqueme con pasión, con desenfreno, paciencia, perseverancia, constancia, empecinado, astuto, sutil, desesperado, esperanzado, pero búsqueme sin reposo, hágame sentir que existo.

(“B” anda, se agita, busca, “A” detrás lo observa y guía)

B.- ¿cómo voy?
A.- Frío, Frío…
B.- ¿Y por aquí?
A.- ¡Se congela!
B.- ¡Por dónde, carajo!
A.- Búsqueme, búsqueme.
B.- Dígame algo.
A.- Tibio, tibio.
B.- Gracias, voy llegando.
A.- Caliente, caliente.
Requete caliente ¡Ay! se quema. Se quema. ¡Se quemó!

(“A” y “B” se abrazan. “B” agitado respira y exhala su parlamento)

B.- ¡Al fin, mierda!
A.- Al fin juntos.
B.- Lo logramos.
A.- Nos encontramos.

Autor: Roberto Espina

1 comentario:

Veronica dijo...

Me parece genial, buscaba desde hace mucho una pequeña obra, corta pero contundente para jugar con marionetas. Gracias....